Los niños de la artista
María Giuffra juegan con ositos bañados en sangre. No son chicos felices porque no tienen mamá o papá, o a ninguno de los dos. Son hijos de "subversivos" y "comunistas". Son los hijos de la última dictadura militar. Con un estilo marcado a fuego por "los años de plomo" que vivió en carne propia, María Giuffra refleja en "Los niños del Proceso" no sólo su historia sino la de otros hijos de desaparecidos. La muestra se inaugura mañana, a las 19, en el Centro Cultural Plaza Defensa. El papá de María estudiaba arquitectura, era docente en la UBA y en la Casa Rosada y militaba en Montoneros cuando el 22 de febrero de 1977 fue asesinado en González Catán, en plena calle, por el Ejército Argentino y fuerzas policiales. "El Equipo Argentino de Antropología Forense rescató un microfilme del ejército donde hay un expediente que explica quiénes, dónde y cómo mataron a mi padre. Lo enjuiciaron luego de asesinado, lo enterraron como NN (cuando lo habían identificado) y nunca supe nada hasta 1998 que me dieron ese expediente", relata María. Y agrega: "Lamentablemente, por culpa de Alfonsín y Menem, por sus indultos y punto final y obediencia debida, aunque yo tengo con nombres y apellidos y firmas a todos los culpables, no puedo hacer nada legal". María tenía apenas 6 meses cuando su madre la llevó al exilio con ella a San Pablo, Brasil. Volvieron cuando volvió la democracia. A los 8 se conectó con el arte al ingresar en una escuela de estética. Más adelante, empezó dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. "Los Niños del Proceso" son 22 obras (10 en tela y 12 dibujos en técnicas mixtas) donde lo común es la infancia como producto del terrorismo de Estado. "Me basé en las historias que me contaron otros hijos. Me interesa cómo resolvieron (o no) sus vidas y el hecho de convivir con la sociedad que nos condenó", cuenta María. Quienes tenían le prestaron fotos, como su amiga Carolina, "pero también me basé en el hecho de no tener nada, sólo un vacío en lugar de padres, como el caso de otro amigo mío y su hermano". Aunque, como ella reconoce, cada caso es único, a todos estos hijos desde donde parten sus dibujos y pinturas los une el hecho de haber tenido conciencia de todo desde muy chicos, "de saber la verdad y sentirla, aunque no la entendiéramos". Y agrega: "Hasta los niños apropiados tuvieron siempre una sensación de que eran de otro lado. Lo que sucedió fue tan siniestro que nuestros padres, los que quedaron vivos, ni siquiera sabían qué decirnos". Y carga, con razón, las tintas contra aquella sociedad que ya en democracia la miraba mal si decía que su padre era un desaparecido. "Recién ahora hay una cierta 'amabilidad' para con nosotros, aunque de algún modo ya es tarde porque somos adultos y podemos arreglarnos solos. Pero cuando éramos chicos la sociedad nos abandonó y encima nos juzgó: nos teníamos que esconder porque éramos 'los hijos de los subversivos'". Becada por la Fundación Antorchas, gracias a lo que pudo hacer gran parte de esta serie de "Los niños....", y por el Fondo Nacional de las Artes, María es ilustradora de libros, revistas y cds, hace animaciones y da clases de pintura y dibujo. Su primera exposición fue en 2002, en Belice: "Fue la más importante porque me animó a hacer lo que quería en mi país", señala. "Los niños..." ya fue presentada en sociedad el año pasado en la Sala José Luis Cabezas del Congreso de la Nación y en la Mansión Seré, pero esta reedición incorpora nuevos trabajos. La inauguración de mañana contará con la participación musical de Tumbamores. De acceso libre y gratuito y auspiciada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, podrá visitarse hasta el 23 de julio en el Centro Cultural Plaza Defensa (Defensa 535, San Telmo) de martes a domingos.